Las
nuevas tendencias empresariales nos exigen, a los nuevos gerentes, que analicemos
las metas y de qué manera llegar a conseguirlas, preguntandonos, entre otras cosas, cómo y cuándo. Es
así como la planificación estratégica implica una necesidad imperante en la
gestión empresarial actual, ya que nos facilita el camino a recorrer, aportando
una visión más clara de los posibles
resultados. En mi experiencia profesional, he formado parte de organizaciones en
las que la planificación estratégica es
nula o casi inexistente, donde han ignorado por completo las oportunidades y amenazas que ofrece el
entorno y las debilidades y fortalezas internas, lo que ha dificultado en gran medida el logro de los objetivos. Naturalmente,
las organizaciones que por lo contrario han desarrollado sus conocimientos y
comprendido con exactitud las necesidades de la empresa y la relación de esta
con su ambiente en función de la visión, misión, valores y objetivos, encontraron
en la planificación estratégica una
oportunidad para interactuar con un mundo dinámico y en constante evolución, obteniendo resultados favorables.
La importancia de la dirección estratégica
radica en su vinculación directa con los resultados empresariales. Es fundamental que estos planes, antes de ser llevados a la práctica,
sean analizados detenidamente y se hallan trazado adecuadamente las metas que
se desean alcanzar a fin de aprovechar adecuadamente los recursos económicos dispuestos para ello. Pese a que los planes de acción estrategica suelen ser puntuales y
deben hacerse efectivos en un tiempo determinado, sus consecuencias se mantienen
a lo largo del tiempo, ya que los cambios en el ambiente del negocio perduran. De todas formas, es importante señalar que la
planificación estratégica no intenta tomar decisiones mirando el futuro, sino
respondiendo a determinadas problemáticas del presente.


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